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EL BLOG DE LOS 100 AUTORES

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sábado, 16 de mayo de 2009

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS? -- DAMON KNIGHT

¿CANTARÁ EL POLVO TUS ALABANZAS?
Damon Knight



Y el Día de la Cólera llegó. El cielo resonó con trompetas, angustiantes, ominosas. Por todas partes las secas rocas se alzaron, gimiendo, y cayeron desmoronadas. Luego en cielo se hendió, y en resplandor apareció un trono de fuego blanco, en un arco iris que ardía verde.
Los relámpagos zigzagueaban desde todos los horizontes. Alrededor del trono flotaban siete majestuosas figuras vestidas de blanco, con cintas doradas cruzando sus pechos; y cada una llevaba en su gigantesca mano una redoma que humeaba hacia el cielo.
Desde el resplandor del trono llegó una voz:
- Seguid vuestros caminos, y verted vuestras redomas de la cólera de Dios sobre la tierra.
Y el primer ángel descendió, y vació su redoma en un torrente de oscuridad que humeó por encima de toda la tierra desierta. Y se hizo el silencio.
Luego el segundo ángel voló bajando a la tierra, y planeó de un lado a otro, sin vaciar su redoma: y finalmente regresó junto al trono, diciendo:
- Señor, debo vaciar la mía en el mar. ¿Pero dónde está el mar?
Y de nuevo se hizo el silencio. Porque las resecas y polvorientas rocas de la tierra se extendían ilimitadamente bajo el cielo; y allá donde habían estado los océanos había tan sólo cavernas abiertas en las rocas, tan resecas y vacías como el resto.
El tercer ángel exclamó:
- Señor, la mía es para los ríos y fuentes de agua.
Y luego el cuarto ángel dijo:
- Señor, déjame vaciar la mía.
Y vertió el contenido de su redoma hacia el sol; y en un instante ardió con una terrible radiación: y planeó de un lado para otro dejando caer su luz sobre la tierra. Tras un cierto tiempo vaciló y regresó junto al trono. Y de nuevo se hizo el silencio.
Entonces del trono brotó una voz diciendo:
- Ya basta.
Bajo el amplio domo de los cielos, no volaba ningún pájaro. Ninguna criatura reptaba o se arrastraba sobre la superficie de la tierra; no había ningún árbol, ninguna brizna de hierba.
La voz dijo:
- Este es el día señalado. Descendamos.
Entonces Dios anduvo sobre la tierra, como en los viejos tiempos. Su forma era como una moviente columna de humo. Y tras Él avanzaban los siete ángeles con sus redomas, murmurando. Estaban solos bajo el ciclo gris amarillento.
- Aquellos que están muertos han escapado de nuestra cólera - - dijo el Señor Dios Jehová -. Pero no escaparán al juicio.
El reseco valle en el que se encontraban era el Jardín del Edén, donde el primer hombre y la primera mujer habían recibido un fruto que no debían comer. Al este se hallaba el paso por el que la pareja condenada había sido arrojada al desierto. A una poca distancia hacia el oeste se divisaban las dentadas formas del monte Ararat, donde se había posado el Arca tras el Diluvio purificador.
Y Dios dijo con una gran voz:
- Abramos el libro de la vida; y que los muertos surjan de sus tumbas, y de las profundidades del mar,
Su voz resonó bajo el tenebroso cielo. Y de nuevo las resecas rocas se alzaron y cayeron; pero los muertos no aparecieron. Sólo el polvo se retorció, como si sólo eso quedara de los miles de millones de habitantes de la tierra, vivos y muertos.
El primer ángel sujetaba en los brazos un gran libro abierto. Cuando el silencio se hubo establecido durante un cierto tiempo, cerró el libro, y en su rostro hubo miedo; y el libro se desvaneció de entre sus manos.
Los otros ángeles murmuraban entre sí y suspiraban. Uno dijo:
- Señor, terrible es el sonido del silencio, cuando nuestros oídos deberían estar llenos de lamentaciones.
Y Dios dijo:
- Este es el día señalado. Sin embargo, un día en el cielo son mil años en la tierra. Gabriel, dime, según como cuentan los hombres el tiempo, ¿Cuántos días han transcurrido desde el Día?
El primer ángel abrió un libro y dijo:
- Señor, tal como los hombres cuentan el tiempo, ha pasado un día desde el Día.
Y volviéndose a ellos, Dios dijo:
- Sólo un día: un instante. Y sin embargo no se alzan.
El quinto ángel se humedeció los labios y dijo:
- Señor, ¿No eres Tu acaso Dios? ¿Qué secretos pueden haber para el Hacedor de todas las cosas?
- Paz – Dijo Jehová, y los truenos resonaron hacia el sombrío horizonte -. A su debido tiempo, haré que estas piedras se levanten y hablen. Seguidme, vamos un poco más lejos.
Vagaron por las resecas montañas y por entre los vacíos cañones del mar. Y Dios dijo:
- Miguel, tú estabas encargado de velar sobre esa gente. ¿Cómo fueron sus últimos días?
Hicieron una pausa cerca del fisurado del Vesubio, que en una época de distracción celeste había entrado en erupción dos veces, enterrando vivas a miles de personas.
El segundo ángel respondió:
- Señor, cuando los vi por última vez, estaban preparando una gran guerra.
- Sus iniquidades rebasan todo entendimiento – dijo Jehová -. ¿Cuáles eran las naciones que estaban preparando la guerra?
El segundo ángel respondió:
- Señor, eran llamadas Inglaterra y Rusia y China y América.
- Vayamos entonces a Inglaterra.
Al otro lado del reseco valle que había sido el Canal, la isla era una meseta de piedras, en ruinas y desolada. Por todas partes las rocas estaban cuarteadas y sin vigor. Y Dios se encolerizó más, y gritó fuerte:
- ¡Que las piedras hablen!
Entonces las grises rocas se desmoronaron en polvo, descubriendo cavernas y túneles, como las cámaras de un hormiguero vacío. Y en algunos lugares resplandeció el brillante metal, dispuesto en capas graciosas pero sin ningún diseño, como si el metal se hubiera fundido y hubiera corrido como agua.
Los ángeles murmuraron; pero Dios dijo:
- Esperad. Esto no es todo.
Y ordenó de nuevo:
- ¡Hablad!
Y las piedras se alzaron una vez más, para dejar al descubierto una cámara mucho más profunda. Y en silencio, Dios y los ángeles se inmovilizaron en un círculo en torno al pozo, y se inclinaron hacia delante para ver las formas que se movían allí.
En la pared de aquella profunda cámara, alguien había grabado una hilera de letras. Y cuando la máquina de aquella cámara había sido destruida, el metal incandescente había brotado y había llenado las letras en la pared, de tal modo que ahora brillaban como plata en la oscuridad.
Y Dios leyó las palabras.

NOSOTROS ESTÁBAMOS AQUÍ...
¿DÓNDE ESTABAS TÚ?


FIN

martes, 7 de abril de 2009

FRASES UTILES PARA EL TURISTA

FRASES UTILES PARA EL TURISTA

Joanna Russ







Locrinia: la península y sus alrededores.

Lokrina D. C.

X 437894 = H

Considerablemente semejante a la Tierra (véanse las cintas grabadas y las transliteraciones adjuntas).

Para fisiología, ecología, religión y costumbres (véase Wu y Fabricant, Locrinia, Información útil para el turista, Praga, 2355, Vol. 2)





EN EL HOTEL:



Esta es mi compañera. No se trata de una propina.

Voy a llamar al gerente.

Esta no puede ser mi habitación porque yo no puedo respirar amoníaco.

Me voy a sentir muy cómodo con temperaturas que oscilen entre los 200 y 303 grados.

Mozo, esta comida todavía está viva.





EN LA REUNIÓN:



¿Eso es usted?

¿Eso es usted todo entero? ¿Cuánto (que cantidad) de usted (ustedes) hay allí?

Encantado de conocer a su hermano clon.

¿Es usted tóxico?

¿Es usted comestible? Yo no soy comestible.

Los humanos no nos regeneramos.

Mi compañera no es comestible.

Eso es mi oreja.

Soy tóxico.

¿Es así como copulan ustedes?

¿Se supone que esto es erótico?

Muchas gracias.

Explíquese, por favor.

¿Cambia usted de color?

¿Está usted preñado?

Me voy de esta habitación.

¿No podríamos ser sólo amigos?

Llévenme de inmediato al Consulado Terrestre.

Me siento muy halagado por su amable propuesta, pero no puedo acompañarlo a los pozos de apareamiento, pues soy vivíparo.

Según las reglas de la amistad interestelar punto deberíamos tener alguna relación física, ruego que me excuse.





EN EL HOSPITAL:



¡No!

Mi orificio de alimentación no está en ese extremo de mi cuerpo.

Preferiría hacerlo yo solo.

Por favor, no deje salir (entrar) la atmósfera, me resultaría muy poco confortable.

No como plomo.

Si me coloca el termómetro ahí va a obtener escasa o ninguna información.





EXCURSIONES:



Usted no es mi guía. Mi guía era bípedo.

Nosotros, los de la Tierra, no acostumbramos a hacer eso.

Eso es indemostrable.

Eso es muy improbable.

Eso es ridículo.

He visto ejemplos mucho mejores que éste.

Por favor, condúzcame hacia el mamífero inteligente más cercano.

Lléveme de inmediato al Consulado Terrestre.

¡Oh, qué magnífico natatorio (percha de apareamiento, espectáculo preparado, fenómeno involuntario)!

¿A qué hora se arroja la princesa despechada al volcán en erupción? ¿Podemos participar?





EN EL TEATRO:



¿Es esto divertido?

Lo siento; no quise ofenderlo.

¿Puede usted deformarse un poquito más hacia abajo?

¿Estoy imaginando esto?

¿Se supone que debo imaginarlo?

¿Me debería preocupar el agua que hay en el suelo?

¿Dónde está la salida?

iAuxilio!

Es una obra de arte.

Mis convicciones religiosas me impiden tomar parte en el espectáculo.

No me siento bien.

Me siento muy descompuesto.

Yo no ingiero comida viva.

¿Se supone que esto es erótico?

¿Puedo llevarme esto a casa?

¿Es esto parte del espectáculo?

Deje de tocarme.

Señor o señora, esto es mío (extrínseco).

Señor o señora, esto es mío (intrínseco).

Querría visitar las unidades de recuperación de desperdicios.

¿Terminó usted?

¿Puedo empezar?

Está usted en mi camino.

Bajo ninguna circunstancia.

Si no deja de hacer eso llamaré al acomodador.

Esto está prohibido por mi religión.

Señor o señora, esta en una localidad privada.

Señor y señora, esta es una localidad privada.

No fue mi intención sentarme encima de usted. No me di cuenta que este asiento ya estaba ocupado.

Mis ojos sólo son sensibles a la luz cuya longitud de onda oscile entre los 3.000 y 7.000 Angstrons.





CUMPLIDOS:



Es usted más que antes.

Su cabello es falso.

Si se descubre los pies, me desmayaré.

No hay lugar.

Es seguro que usted estará aquí mañana.





INSULTOS:



Usted es siempre el mismo.

Ustedes son cada vez más.

Se le ven los dedos.

¡Qué limpio está usted!

Usted es limpio, pero animado.





GENERALIDADES:



Lléveme al Consulado Terrestre.

Guíeme al Consulado Terrestre.

El Consulado Terrestre se enterará de esto.

Este no es modo de tratar a un visitante.

Por favor, indíqueme dónde está mi hotel.

Algo anda mal con mi vehículo.

Me estoy muriendo.

¿A qué hora sale la luna? ¿Hay luna? ¿Es esta la luna llena? Llévenme de inmediato al Consulado Terrestre.

¿Me podría dar el segundo volumen de Wu y Fabricant, llamado Fisiología, ecología, religión y costumbres de los locrinos? No importa el precio.





FIN

jueves, 19 de marzo de 2009

DUDAS COMPARTIDAS -- El Deshollinador

DUDAS COMPARTIDAS

El Deshollinador






Más de una vez nuestros ojos se han enfocado a las pequeñas manchitas luminosas que titilan en el firmamento. Algunas veces, sólo nos arrebata su belleza, otras, lo que significan aquellas.

Puntos insignificantes de luz, chispas remanentes de inmensos, gigantescos soles que son eclipsados por distancias igualmente inmensas. Y aquí, sólo esas briznas.. y más las que no alcanzan a llegar.

Cómo disfruto estos momentos, cuando camino cansado de regreso a casa con los libros y cuadernos bajo el brazo; aunque también abrumado por las poesías y biografías que tengo que memorizar y las tareas de matemáticas y química, sin contar las fotografías de las páginas tales de algún libro a dibujar con mi torpe trazo, y, bueno, tantas más.

¡Qué alegría cruzar por esta pequeña loma y disfrutar su vista fantástica! ¡Qué rico recostarse así en el pasto y escuchar el chirriar de los bichos del rededor y el dulce susurrar del viento!

De cara al espacio imagino que estoy al frente del mundo dirigiendo su trayectoria como un piloto de planetas, y que poco a poco nos aproximamos a sistemas distantes.

Qué bueno sería, ¿no?, llegar a otro mundo habitado y presentarte «¡Hola!, vengo de un planeta donde las cosas son de tal manera...»

¡...Oh, que bonita fantasía!

La otra vez, en la escuela, le pregunté al maestro si podía haber vida en otros planetas. Todos mis amigos abrieron los ojotes bien atentos y el maestro se puso muy serio y contestó: «Podría ser, aunque... es improbable. Se necesitan condiciones ambientales bastante complejas para incitar la generación de la vida y permitir su proliferación y desarrollo; así es que, por lo pronto, seguimos estando solos.»

No me agradó la respuesta, aunque suena muy interesante.

En fin... seguiré soñando en nuestros supuestos vecinos al otro lado del universo.

Oh, oh, creo que se me ha hecho tarde; mamá debe estar preocupada.

Me voy antes de que cierre más la noche, pues hoy ambas lunas serán viejas y así no veré la brecha. Además, ¡uf!, aún me espera la biografía de Epkin Prano, los dibujos de la Tundra de Tarmenti e investigar el Teorema de Aravaneo sobre le Elasticidad del Tiempo... y las Leyes del Espacio Circular según Teknil, y...





FIN

EL ROBOT QUE QUERIA APRENDER -- HARRY HARRISON

Al igual que los esclavos o siervos humanos, los robots sólo necesitarán - desde el punto de vista de sus dueños, por lo menos la educación estrictamente indispensables. Un siervo sólo "necesitaba saber lo que tenía que hacer, y cómo hacerlo... rápidamente. Cualquier otro conocimiento era inútil, y potencialmente peligroso, dado que tiende a provocar preguntas tan inconvenientes como: "¿Es justo que las cosas sean como son?". Y, cuando uno se daba cuenta, el fiel Wamba estaba estudiando el modo de prenderle fuego a la casa de su dueño, y afilando significativamente su hoz... Es demasiado pronto para saber si los robots reaccionarán del mismo modo, pero ellos están destinados también a "conocer" exclusivamente la clase de trabajo que hayan de realizar

Sin embargo, algunos robots tendrán acceso a un tipo de información que podemos calificar de excesiva; un robot bibliotecario, por ejemplo, tendrá que almacenar una enorme cantidad de conocimientos para responder a una simple pregunta...



EL ROBOT QUE QUERIA APRENDER

Harry Harrison

Lo malo del Archivador 13-B445-K era que deseaba aprender cosas que no le incumbían en absoluto. Cosas hacia las cuales ningún robot debe encaminar su atención... y mucha menos su capacidad investigadora. Pero el Archivador era un tipo de robot muy extraño.

Lo que le ocurrió con la rubia de la sala 22 debió haberlo considerado como una advertencia. Acababa de salir del almacén con un montón de libros, y al entrar en la sala 22 la vio empinada sobre la punta de los pies para alcanzar un volumen de la estantería.

Pasó junto a ella, y unos metros más allá se detuvo. Se quedó mirándola fijamente, con un extraño brillo en sus ojos metálicos.

La muchacha era muy bonita pero, aun en este caso, no era lógico que llamase la atención de un robot... sin embargo el Archivador se la llamó. Se quedó allí, mirando, hasta que la rubia se volvió súbitamente, al notar la intensidad de su mirada.

-Si fueras un ser humano, Buster -le dijo-, te daría una bofetada. Pero, como no eres más que un robot, me gastarla saber por qué diablos me estás mirando con tanto interés.

Sin vacilar ni una milésima de segundo, el Archivador respondió: Se le está cayendo la media.

Y a continuación dio media vuelta y se marchó.

La rubia sacudió la cabeza, se subió la media, y anotó mentalmente un tanto en favor de la electrónica.

Hubiera quedado muy sorprendida de haber sabido que el Archivador la había estado mirando a ella. Desde luego, no le había mentido al contestar -puesto que era incapaz de mentir-, pero había expresado la verdad parcialmente. El Archivador estaba enfrentándose con un problema con el cual no se había enfrentado hasta entonces ningún robot.

El amor estaba adquiriendo un apasionante interés ante él.

Es inútil decir que ese interés era puramente académico, pero no dejaba de ser interés. Y lo que había empezado a despertarlo era la n4turaleza de su trabajo.

Un Archivador es un robot muy inteligente, y no se fabrican muchos de esa clase. Sólo se encuentran en bibliotecas importantes, encargados de manejar las colecciones más extensas y complicadas. Llamarles simples bibliotecarios sería menospreciarlos y tildar de sencillo a su trabajo. Desde luego, para colocar libros en las estanterías o rellenar fichas se necesita muy poca inteligencia, pero esas tareas eran desempeñadas por unos robots que podríamos llamar rudimentarios. El catalogar los conocimientos humanos ha sido siempre muy complicado. Y los robots Archivadores habían heredado esa tarea. Sus metálicos hombros la soportaban mucho mejor de lo que la habían soportado nunca los redondeados hombros de los bibliotecarios humanos.

Además de una memoria perfecta, el Archivador poseía otros atributos que normalmente corresponden al cerebro humano. Conexiones abstractas, por ejemplo. Si era preguntado acerca de unos libros sobre un determinado tema, podía pensar en libros que trataban de otros temas pero que estaban relacionados directa o indirectamente con los primeros. Podía recoger una sugerencia, digerirla y ofrecer un resultado inmediato en forma de una montaña de libros.

Esas características suelen estar limitadas al "homo sapiens". Son las que le colocan en el peldaño más alto de la escala animal. Si el Archivador era más humano que los otros robots, los únicos culpables eran sus constructores.

Desde luego, a él no le preocupaba este problema: se limitaba a interesarse en ciertas cosas. Todos los Archivadores tienen esa tendencia al interés, ya que están construidos para eso. Otro Archivador, el 9B-367-O, bibliotecario en la Universidad de Tashkent, habla concentrado su interés en los idiomas, debido a la inmensa cantidad de material de que disponía. Hablaba millares de idiomas y de dialectos, todos aquellos de los cuales existían textos en la biblioteca de la Universidad, y gozaba de una excelente reputación en los círculos lingüísticos. Esto era debido a las características de su biblioteca. El Archivador 13B, el que Se interesó por la rubia, trabajaba en los polvorientos pasillos dé la biblioteca de New Washington. Y además de tener acceso a una impresionante colección de microfilms, lo tenla también a toneladas de libros impresos sobre papel y que databan de algunos siglos.

El Archivador habla concentrado su interés, en las novelas de tiempos pretéritos.

Al principio Se sintió confundido por las referencias a amar y romance así como por los sufrimientos que parecían acompañarles. No pudo encontrar ninguna definición satisfactoria de aquellos vocablos, y estaba intrigado. La intriga le condujo al interés, y finalmente a la obsesión. Desconocedor por completo del mundo, se convirtió en una autoridad en Amor.

El Archivador no tardó en comprender que aquélla era la más delicada de todas las instituciones humanas En consecuencia, mantuvo sus investigaciones en secreto, guardando los resultados en los espaciosos circuitos de su cerebro. También comprendió que todos sus conocimientos procedían de libros escritos en tiempos pretéritos, que probablemente diferían de la realidad presente. En consecuencia, cuando vio a una pareja hablando amorosamente en la sección de zoología1 se ocultó entre las sombras y abrió al máximo su micrófono receptor. El diálogo que escuchó fue bastante soso, comparado con las líricas efusiones que habla encontrado en los libros. Esta comparación resultó interesante y aleccionadora.

A partir de entonces se dedicó a escuchar las conversaciones entre hombre y mujer siempre que tenia ocasión para ello. Trató también de mirar a las mujeres desde el punto de vista de los hombres, y viceversa. Esto era lo que le habla conducido a la contemplación de la rubia en la sala 22.

Y fue también lo que le condujo a su definitiva locura.

Unas semanas después, un investigador solicitó su ayuda y le entregó un montón de notas. Entre las notas había una cartulina que no tenía nada que ver con los libros que el hombre deseaba, y el Archivador se la devolvió a su dueño, el cual se la guardó en el bolsillo distraídamente. En cuanto el hombre tuvo sus libros y se hubo marchado, el Archivador se sentó y volvió a leer la cartulina. Sólo la habla contemplado por espacio de un segundo, pero no necesitaba más: la imagen de la cartulina habla quedado impresa para siempre en su cerebro. El Archivador, pues, leyó la cartulina y una idea empezó a tomar forma en sus circuitos.

La cartulina era una invitación a un baile de máscaras. El Archivador conocía perfectamente en qué consistía aquella clase de diversión: en docenas de las polvorientas novelas que había leído se describían con pelos y señales. La gente que acudía a ellos se disfrazaba, la mayoría con disfraces románticos.

¿Por qué no podía ir un robot a un baile de máscaras, disfrazado convenientemente?

Una vez metida aquella idea en su cabeza, no hubo modo de sacarla de allí. Era una Idea antirobot, acerca de un acto absolutamente antirobot. Pero el Archivador intuy6 por vez primera la posibilidad de romper la barrera entre si mismo y los misterios del romance amoroso. Esto le hizo sentir más deseos de ir. Y, desde luego, fue.

Como es natural, el Archivador no podía comprarse un disfraz, pero esto no era problema: los almacenes estaban llenos de cortinajes viejos. Un manual de corte y confección le permitió aprender la técnica, y un grabado de un libro le dio la idea para su disfraz. Por lo visto, estaba predestinado a acudir al baile como un caballero a la antigua usanza.

Buscó un trozo de cartulina igual que la que había visto, e hizo un duplicado exacto de la invitación. Su máscara era en parte rostro, y en parte máscara. Los detalles no plantearon ninguna dificultad a su ingenio ni a su técnica. Mucho antes de la fecha fijada, el Archivador estaba completamente preparado. Los últimos días los pasó releyendo los libros que hablaban de bailes de disfraces, y aprendiendo los pasos de baile más modernos.

Estaba tan entusiasmado con su idea, que no se detuvo ni un solo instante a pensar en la absurdidad de lo que iba a hacer. No era más que un científico estudiando una especie animal. El hombre.

* * *

Llegó la gran noche y el Archivador salió de la biblioteca a última hora, con lo que parecía un paquete de libros y que desde luego no lo era. Nadie le vio esconderse entre los árboles del jardín de la biblioteca. Si alguien le hubiera visto, quizás le habría relacionado con el elegante caballero que surgió unos instantes después. Unicamente el vacío papel de envolver daba una muda evidencia de su disfraz.

El porte del Archivador en su nueva personalidad correspondía a lo que cabía esperar de un robot superior que se ha estudiado un papel a la perfección. Subió las escaleras que conducían al vestíbulo de tres en tres, y entregó su invitación con una reverencia. Una vez dentro se encaminó directamente al bar y se tragó tres copas de champaña, vertiéndolas a través de un tubo de plástico hasta un recipiente ubicado en su tórax. Sólo entonces dejó que sus ojos vagaran sobre las bellezas reunidas en el salón.

De todas las mujeres que allí estaban, solamente una prendió su atención. El Archivador pudo comprobar inmediatamente que era la más bella del + baile y la única que merecía ser conquistada. Y el Archivador se dispuso a emprender la conquista, en memoria de los 50.000 héroes de aquellos antiguos libros.

Carol Ann van Damm estaba asediada, como de costumbre. Llevaba el rostro cubierto con una máscara, pero ningún disfraz podía ocultar del todo su belleza. Todos sus habituales pretendientes estaban allí, solicitando un baile, ávidos por conquistar a la muchacha y el dinero de su padre. Lo de siempre... Carol Ann van Damm se aburría y apenas podía disimular sus bostezos.

Hasta que el grupo de pretendientes fue hendido cortés pero irrevocablemente por los anchos hombros del desconocido. Era un león entre lobos.

-Este es nuestro baile -dijo seguro de sí mismo.

Casi automáticamente, Carol cogió la mano que se tendía hacia ella, incapaz de contradecir a aquel hombre. Al cabo de un instante estaban valsando admirablemente. Los músculos del desconocido eran duros como el acero, pero bailaba con la ligereza y la gracia de un profesional.

-¿Quién es usted? -susurró la muchacha.

-Su príncipe, que ha venido a raptarla -murmuró el Archivador en la rosada orejita.

-Habla usted como en los cuentos de hadas -rió Carol.

-Esto es un cuento de hadas, y usted es la heroína.

Las palabras del desconocido penetraban hasta lo más íntimo de su ser. Los labios del Archivador musitaban las palabras que ella había deseado oír toda su vida.

De repente, una llamada de la orquesta sobresaltó a la muchacha.

-Las doce -susurró-. La hora de quitarse el antifaz.

-Su antifaz cayó al suelo, pero el Archivador no hizo el menor movimiento-. Vamos, vamos -añadió Carol-, qultatelo.

Era una orden y, como robot que era, tuvo que obedecer. Haciendo una reverencia, dejó su rostro al descubierto.

Carol Ann lanzó un grito y luego estalló:

-¿Qué clase de burla es ésta, pedazo de hojalata? ¡Contesta!

-Sólo amor, querida. El amor que me ha traído aquí esta noche y me ha arrastrado a tus brazos.

La respuesta era bastante cierta, aunque el Archivador la expresó de acuerdo con lo que exigía su disfraz.

Carol Ann perdió los estribos.

-¿Quién te ha enviado aquí? ¡Contesta! ¿Qué significa ese disfraz? ¡Contesta! ¡CONTESTA! ¡CONTESTA!

El Archivador trató de clasificar las preguntas y contestarías una a una, pero la muchacha no le dio tiempo para hablar.

-¡Es la broma más indecente de todos los tiempos! ¡Enviarte aquí disfrazado de hombre! ¡A un robot! ¡A una máquina con dos patas! ¡Hacerme creer que eras un hombre, cuando no eres más que un robot!

Súbitamente, el Archivador se puso en pie, y sus palabras surgieron roncas a través de su altavoz:

-Soy un robot...

En su acento había ahora una nota de mecánica desesperación. Las ideas perseguían a las ideas a través de los retorcidos circuitos electrónicos de su cerebro: Soy un robot.. un robot... debo de haber olvidado que soy un robot... ¿qué puede estar haciendo aquí un robot?... un robot no puede amar a una mujer... una mujer no puede amar a un robot... sin embargo ella ha dicho que me amaba... pero yo soy un robot... un robot...

Con un mecánico estremecimiento dio media vuelta y empezó a alejarse de la muchacha. A cada paso que daba, sus dedos de acero desgarraban las ropas de su disfraz y la carne de plástico. Su camino quedó sembrado de jirones de tela. Atravesó el jardín y salió a la calle, mientras las ideas giraban en círculos cada vez más amplios en el interior de su cabeza.

Su cerebro había perdido el control, y su cuerpo no tardó en perderlo también. Sus piernas anduvieron más rápidamente, sus motores vibraron con más intensidad y la bomba central de lubricación, instalada en su tórax, se agitó desacompasadamente.

Luego, lanzando un chirrido mecánico, el Archivador levantó los dos brazos y se precipitó hacia adelante. Su cabeza chocó contra el ángulo de una escalera y el canto de granito se hundió en el metal. Los complicados circuitos que formaban su cerebro quedaron descargados instantáneamente.

El Robot Archivador 13-B44~K estaba completamente muerto.

Esto fue lo que leyó en el informe el mecánico al cual fue enviado al día siguiente. No decía completamente muerto, desde luego, pero si completamente estropeado. Sin embargo, al examinar el cadáver metálico, ocurrió una cosa muy curiosa.

Un segundo mecánico le ayudaba en el examen. El fue quien abrió el tórax y desenroscó la estropeada bomba de lubricación.

-Aquí está la avería -anunció-. Defecto de funcionamiento de la bomba. Se rompió el pistón, la bomba dejó de funcionar, las articulaciones se descentraron por falta de aceite... y el robot cayó y se partió la cabeza.

El primer mecánico se limpió la grasa de las manos y examinó la bomba estropeada. Luego miró a través del agujero abierto en el pecho del robot.

-Casi podría decirse que ha muerto con el corazón destrozado...

Los dos hombres se echaron a reír, mientras la bomba iba a reunirse con el montón de chatarra en que se hablan ido convirtiendo los miembros del Robot Archivador 13B-44-K

miércoles, 18 de marzo de 2009

SCI-FI ..........LA ULTIMA FRONTERA (imagenes)

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